El volumen de la música retumbaba en la segunda planta mientras la joven pareja se preparaba para su noche de fiesta, ignorando por completo el agotamiento de la mujer que sostenía las riendas del hogar. Doña Marta, de sesenta y cinco años, llevaba desde el amanecer limpiando los pisos, cocinando y cuidando a su nieto, sintiendo cómo un dolor punzante en la espalda baja casi le impedía mantenerse en pie. Cuando finalmente logró sentarse en el sofá de la sala para tomar un respiro, su nuera, vestida con un costoso traje de noche, bajó las escaleras y le arrojó sin piedad un cerro de ropa arrugada sobre las piernas. Con total descaro, le ordenó que planchara todas las prendas para la semana y que durmiera al bebé, ya que ellos regresarían de madrugada y no querían interrupciones.
Al intentar explicar, con la voz entrecortada, que su cuerpo no soportaba más el dolor y que necesitaba descansar urgentemente, la respuesta que recibió le partió el alma en mil pedazos. Con una mirada cargada de asco, la nuera se cruzó de brazos y le gritó que dejara de hacerse Leer más









