El viento helado que soplaba pocos días después del funeral no era tan frío como la brutal traición que Mariana estaba a punto de sufrir. Aún vestida de luto por la repentina pérdida de su esposo, fue acorralada en su propia sala de estar por su suegra, Doña Leticia, y su cuñada, Vanesa. Con sonrisas cargadas de codicia y un documento legal en la mano, le exigieron que empacara sus cosas y desalojara la propiedad junto a sus dos hijos pequeños esa misma semana.
Mariana y su difunto esposo habían invertido cinco años de ahorros inagotables y préstamos bancarios para construir aquella hermosa casa de dos pisos. Sin embargo, cometieron el error más letal en el ámbito familiar: edificar sobre un terreno que estaba a nombre de la suegra. Amparadas en la ley que Leer más








